nos vemos luego
Chile querido; Santiago que me adoptó y Los Angeles que no olvidaré. Amigos y amigas —de verdad y de mentira—, para cada uno de ustedes hay un espacio de mi memoria destinado. Les confieso que no fue fácil. Confíen en el destino, en la vida, en el karma o en lo que sea, crean que de alguna manera, todo lo que hacen, servirá de algo en el futuro; no serán traicionados. Nunca se conformen.